Se aceptan vendedores de suspiros,
a ladrones de los mismos,
a creadores de ilusiones y
a los que caen en picada a ellas.
A las miradas profundas,
a las sonrisas que pueden destruir o arreglar un mundo en un segundo,
a la rareza, la curiosidad, la depresión, la felicidad.
Porque acá se acepta todo,
lo ridículo,
lo que duele,
lo que nos libera el alma,
lo que nos la acecha,
lo que rechazamos,
lo que nos molesta de nosotros mismos,
lo que nos avergüenza,
lo que nos hechiza.
Se acepta, con coronita y todo, a todos....

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